En la actualidad, el lenguaje soez (groserías o términos despectivos) ha dejado de ser un tabú para convertirse, en muchos contextos, en un “hábito social”. Nos preguntamos de manera permanente:
¿Por qué hablan así?: Para los niños y jóvenes, el uso de estas palabras suele responder a tres factores principales:
- Sentido de pertenencia: En la adolescencia, adoptar el código lingüístico del grupo es vital. Si el grupo “popular” o de referencia usa lenguaje soez, el joven lo imita para no ser excluido.
- Validación de madurez falsa: Muchos niños ven en la grosería una forma de “sonar adultos” o demostrar poder y autonomía frente a la autoridad.
- Influencia digital: El consumo masivo de redes sociales, streamers y música urbana ha normalizado un vocabulario agresivo, donde la palabra soez funciona como un conector emocional o un signo de “autenticidad”.
¿Cómo impacta el lenguaje soez en los valores?
Desde un análisis de valores, el uso constante de lenguaje soez no es solo un problema de “falta de buenos modales”, sino que afecta el desarrollo como tal:
- Debilitamiento del pensamiento: Quien depende de la grosería para expresarse pierde la capacidad para dar nombre a sus emociones. Se pierde el vocabulario para describir la frustración, la alegría o el asombro.
- Desensibilización: Al normalizar el insulto, se deteriora el respeto por la dignidad del otro, convirtiendo al par en un motivo de burla.
- Falta de empatía: El lenguaje soez suele ser excluyente o hiriente. Su uso constante debilita la capacidad de conectar genuinamente con los sentimientos ajenos.

Pautas de Crianza: Prevención y Manejo
La prevención no se basa en el castigo, sino en la educación emocional:
En la Niñez (4 a 10 años): “La etapa del descubrimiento”
- Cero reacciones desmedidas: A esta edad, los niños suelen repetir palabras por el impacto que causan. Si te ríes o gritas, refuerzas la conducta. Explica con calma: “Esa palabra suena fea y puede lastimar; aquí no la usamos”.
- Amplía su diccionario emocional: Enséñales palabras precisas para lo que sienten. En lugar de una grosería por frustración, ayúdales a decir: “Estoy muy enojado porque no me salió el dibujo”.
- Dar ejemplo: Los niños imitan. Si tú insultas mientras conduces o te quejas, ellos normalizan ese lenguaje como una forma para descargar su emotividad.
En la Adolescencia (11 a 17 años): “La etapa de la identidad”
- Diferenciar contextos: Es difícil evitar que usen lenguaje coloquial con sus amigos, pero debe haber límites claros. Establece la regla: “Entiendo que con tus amigos hables distinto, pero en casa y con adultos el respeto es innegociable”.
- Análisis crítico: Conversen sobre los influencers. Pregúntale: “¿Crees que necesita insultar para ser gracioso o podría decir lo mismo de otra forma?”. Busque reflexionar y cuestionar para tener un criterio propio dejando de lado la influencia social.
- Consecuencias naturales: Si su hijo usa lenguaje soez para agredir, debe haber una reparación (una disculpa sincera o la pérdida temporal de un privilegio de entretenimiento).
- Validar la emoción, no la forma: Dile a tu hijo: “Entiendo que estés furioso, tienes derecho a estarlo, pero no debes usar esas palabras para expresarlo”.
- Fomentar la lectura y el debate: Un joven con mayor léxico tiene menos necesidad de recurrir a la grosería para hacerse entender.
- Mantener el vínculo: No te alejes de tu hijo porque “habla feo”. Si se mantiene la conexión, tu influencia sobre sus valores será mayor que la del grupo de amigos.
Ayudar a nuestros hijos a adquirir palabras respetuosas es darles herramientas para ser adultos más empáticos, inteligentes y exitosos en sus relaciones humanas.




